Los calefactores de infrarrojos se anuncian con promesas de ahorro del 50 o el 70 por ciento en la factura. Antes de comprar uno conviene mirar de dónde salen esas cifras, porque una resistencia eléctrica convierte en calor toda la electricidad que consume, sea de infrarrojos, de aceite o un convector. Lo que cambia es dónde acaba ese calor y cuánto tiempo necesitas tenerlo encendido.
Respuesta rápida: un calefactor de infrarrojos no consume menos por kWh que otro eléctrico de la misma potencia. Puede salir más barato de usar si calienta a la persona y no toda la habitación, y si lo enciendes menos tiempo. Para calentar una estancia entera durante horas, un convector con termostato es más fácil de controlar.
Qué es y en qué se diferencia de los demás
Un calefactor convencional, como un convector o un termoventilador, calienta el aire de la habitación, que sube y se reparte. Uno de infrarrojos emite radiación que calienta directamente los objetos y las personas que tiene delante, de forma parecida a como lo hace el sol. De ahí su sensación de calor inmediata y su carácter muy direccional.
En el catálogo habitual de tiendas hay básicamente dos familias. Las estufas halógenas, que son las que describe la OCU y que se mueven por unos 40 € de precio medio, y los paneles de infrarrojos de pared o techo, de instalación fija. Esta guía se centra en los primeros, que son los que se compran para usar en una zona concreta de la casa.

¿Consume menos? Las cifras que circulan y lo que dicen las fuentes
Es habitual encontrar afirmaciones como que la calefacción infrarroja transforma entre el 80 y el 95 por ciento de la electricidad en radiación térmica y que ahorra entre un 50 y un 70 por ciento frente a otros sistemas, como hace una guía de presupuestos de obras de Habitissimo. Son cifras comerciales, sin método ni fuente, y la guía no aclara con qué sistemas se compara.
También circulan datos de eficiencia radiante por tipo de fuente, como un 92 por ciento para una lámpara de onda corta, un 60 por ciento para halógena y un 40 por ciento para resistencias de onda larga. Ese dato, que procede de documentación de un fabricante de estufas, mide qué parte de la energía sale como radiación, no cuánta electricidad gasta el aparato. Un calefactor de 1.500 W gasta 1,5 kWh por hora de funcionamiento sea cual sea su tecnología.
La ventaja real, cuando existe, está en otro sitio. Si el calor se dirige a quien está sentado, la sensación de confort llega antes y puedes bajar el termostato general o encender el aparato menos tiempo. Esa es la ganancia, y depende más de cómo lo uses que de la etiqueta del producto.
Cuánto cuesta usarlo: un ejemplo con números
Según Repsol, un calefactor eléctrico de 1.500 W cuesta unos 0,225 € por hora con un precio de 0,15 € por kWh. Con ese precio de referencia, que debes cambiar por el de tu tarifa, las cuentas de un uso diario son estas:
- 1 hora al día: 0,225 €, unos 6,75 € al mes.
- 4 horas al día: 0,90 €, unos 27 € al mes.
- 8 horas al día: 1,80 €, unos 54 € al mes.
Un convector de 2.000 W cuesta, según la misma fuente, unos 0,30 € por hora. La diferencia entre un tipo y otro la marcan la potencia y las horas, no la tecnología. Si quieres saber cuánto gasta el tuyo de verdad, un medidor de consumo enchufable lo mide en minutos.
Tu potencia contratada también cuenta
Un calefactor de 1.500 W ya supone la mitad de lo que ofrece una potencia contratada de 3 kW. La OCU lo advierte para los termoventiladores, que con 3 kW no pueden convivir con un secador de pelo, y el razonamiento vale para cualquier calefactor resistivo. Si lo enciendes a la vez que el horno, la lavadora o el microondas, el limitador puede saltar. Es un problema práctico que se nota el primer día y que no aparece en la ficha del producto.
Qué mirar al comprar uno
- Potencia regulable: dos o tres niveles permiten usar solo lo necesario en vez de ir siempre al máximo.
- Termostato o temporizador: es lo que más pesa en el gasto real. Si no lo tiene, controla tú el tiempo de uso.
- Protección contra vuelcos: corta el funcionamiento si el aparato se cae, una medida de seguridad básica en un aparato que se mueve de sitio.
- Apto para el baño: solo si la ficha lo indica expresamente, y aun así con las distancias que marque el fabricante.
- Distancia a cortinas y muebles: el calor directo se concentra en lo que tiene delante, así que colócalo despejado.
Con esa lista, un calefactor de infrarrojos de gama baja y uno de gama alta se diferencian en acabados y controles, no en lo que consumen por kWh.
Lo que casi nadie cuenta antes de comprarlo
- Según la OCU, estas estufas suelen carecer de termostato. Sin él, el aparato calienta a máxima potencia todo el rato, que es justo lo que encarece la factura.
- Pierden eficacia al alejarte. El calor llega solo a lo que tiene delante, así que no sirve para mantener una habitación entera a temperatura.
- La OCU recomienda usar los calefactores eléctricos de forma ocasional y en espacios reducidos, porque pueden encarecer mucho la factura.
- Antes de usarlo en el baño, comprueba que el modelo es apto, algo que la OCU recuerda para los termoconvectores y que aplica a cualquier calefactor.

Cuándo sí tiene sentido y cuándo no
Tiene sentido para zonas pequeñas y puntuales: un escritorio en una habitación que no calientas, una terraza cubierta o un rincón de lectura. Ahí el calor directo evita calentar un volumen de aire que no usas. No tiene sentido como calefacción principal de un salón ni para dormitorios durante la noche, donde un calefactor de bajo consumo con termostato o una manta eléctrica cuestan menos de manejar.
Si lo que te preocupa es la factura de invierno, empieza por controlar el consumo con un termostato inteligente y por no calentar lo que no usas. Esa decisión pesa más que la tecnología del calefactor.
Fuentes
- OCU, calefactores eléctricos: ventajas y desventajas
- Repsol, diferencia entre radiador, calefactor, convector y emisor térmico
- Habitissimo, calefacción por infrarrojos: precio y ahorro


[…] Alejandro Oct 14, 2026 […]